lunes, noviembre 20, 2017
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Crianza Natural

Últimamente puede oírse el término de” Crianza con Apego” o “Crianza Respetuosa”, y podría llegar a parecer que es una moda, un estilo a seguir, una manera de criar a los niños, que eventualmente puede generar determinados resultados. Veamos de que se trata.

Por: Silvana Barlocci– tiempodecriar@gmail.com

El término Crianza con Apego o “Attachment Parenting” ha sido creado por el Dr. William Sears, y ya en los años cincuenta el psiquiatra John Bowlby había estudiado el apego entre los bebes y sus padres, y lo resaltaba como una necesidad biológica, y una conducta absolutamente normal y sana de los primates.

El ser humano está diseñado para gestarse nueve meses en el vientre materno y luego permanecer un período largo de tiempo en contacto continuo con el cuerpo de la madre. Este período se llama exterogestación y suele implicar 9 meses más. Literalmente es un embarazo fuera del útero, que se extiende desde el nacimiento hasta que el bebé comienza a desplazarse, momento en que se encuentra en condiciones de procurarse calor, protección y alimento, como el resto de los mamíferos al nacer.

Las necesidades de afecto, contacto, contención y acompañamiento en la exploración del mundo son parte del diseño del cachorro humano. Todo esto, está en nuestra base biológica y es lo que ha permitido que la especie humana haya podido preservarse de los depredadores de antaño.

El vínculo que establezca el pequeño al nacer con sus cuidadores principales y muy especialmente con su madre, estará en la base de todos los posteriores vínculos que establecerá en su vida.

La idea principal a transmitir es que, lejos de brindar unas pautas a seguir, se intenta que cada familia, cada dupla madre-hijo, pueda encontrar su manera de vincularse y relacionarse creando un vínculo de amor en donde los únicos dictados vengan del corazón y el instinto.

En esta línea el Dr. Carlos González, experto pediatra español, plantea dejar de ver a los niños como pequeños tiranos y plantea percibirlos desde la lógica infantil, desde la inocencia. Nos trasmite que nuestro hijo nos quiere de forma totalmente desinteresada, de una manera completamente pura, nos explica que cuando un bebé llora es porque necesita la presencia permanente de su madre, porque la ama y porque esto está en la base de su respuesta genética. ¿Es que acaso tenemos miedo del amor de nuestros hijos?

Es interesante cuestionarse, ¿cómo es posible que haya gente que todavía recomienda no atender esta pureza? ¿A dónde vamos como sociedad, si no estamos priorizando las necesidades genuinas de los más indefensos?

Quizás la confusión ha comenzado en el siglo pasado, cuando profesionales y expertos nos han aconsejado tratar a nuestros hijos como si no los quisiéramos, y de pronto, que un niño pequeño fuera “independiente”, no consolarlo cuando llora o no permitir que se salga con la suya, eran signos de buena crianza (crianza que aseguraba perpetuar el sistema).

El temor principal es que si atendemos todas las necesidades de los niños, estos se conviertan en maleducados, pero nada más lejos de esto, puesto que quien se siente amado no necesita ejercer violencia para lograr sus objetivos, sino que confía y devuelve al mundo el afecto que le fue brindado.

En cuanto a la temida manipulación de los niños, es interesante citar a Carlos González: “Los niños no necesitan llorar para manipular. Pueden hacerlo con una sonrisa. Pensemos en dos niños de cuatro años que quieren un helado. Uno dice ‘mamá, guapa, cómprame un helado, vamos, que te daré un besito, eres la mamá más buena del mundo, va, por favor, un helado…?. El otro tiene una rabieta, se revuelca por el suelo, da manotazos, rompe cosas. ¿Cuál tiene más probabilidades de conseguir el helado? De hecho, el que tiene una rabieta con frecuencia sólo obtiene gritos, castigos y a veces hasta golpes.

No lloran para manipularnos. Lloran porque están sufriendo, porque lo pasan mal. Si estuvieran felices, en vez de llorar, reirían. Por tanto, nunca hay que pararse en la raya. Hay que cruzar la raya y acudir a consolar a nuestro hijo, como haríamos con cualquier familiar adulto al que viéramos llorar.

Eso no quiere decir darle todo lo que pide, porque a veces piden cosas que no les podemos o no les debemos dar. No se trata de ‘toma, veinte caramelos y cállate de una vez?, sino de ‘estás triste porque no podemos comer caramelos, ¿verdad? Pero ya sabes que son malos para los dientes y tú quieres tener unos dientes fuertes, como los de un león… ¿quieres que dibujemos un león en este papel? O un dinosaurio, dibuja lo que quieras”

¿Verdad que es más simple, y armónico para todos?

Carlos Gonzalez

El Dr. Carlos González es un reputado pediatra español, firme defensor de la lactancia materna y de una crianza y educación de los niños basada en el cariño y el respeto. Es uno de los máximos exponentes en los países de habla hispana en métodos no conductivos, conocidos como crianza con apego. Este experto estuvo en Montevideo, por segunda vez, derribando mitos sobre lactancia y crianza.

“Es absurdo eso de que a los niños les viene bien llorar porque el llanto les abre los pulmones. A los adultos con insuficiencia respiratoria el médico no les recomienda jamás que lloren.”

“El objetivo de la alimentación complementaria (papillas) no es que el niño esté mejor nutrido, lo que más les nutre es la leche de sus madres. El objetivo es que aprendan a comer normal, lo mismo que comen sus padres en casa… cada vez hay más niños de dos o tres años que no saben masticar ni tragar alimentos sólidos por culpa de estar acostumbrados a los triturados.”

“Tendríamos que fijarnos más en lo que hacían nuestras madres y abuelas, al preguntar estas cuestiones a ellas y no a los médicos. En la facultad de Medicina no nos enseñan si es bueno echar un puerro al caldo de la papilla ni si la ropa de los bebés es mejor que sea de algodón.”

“Para ser padres son necesarias muchas horas de entrenamiento, como a los futbolistas. Es antinatural que los niños vayan a la guardería y sus padres les vean solo dos o tres horas al día”.

“Las madres se separan de sus hijos demasiado pronto, cuando aún no están preparados, y luego esos niños que no han visto atendidas sus necesidades afectivas no se van de casa hasta los 35 años”.

“Yo no dejaría jamás llorar a mi hijo. Ni a mi esposa, ni a mis padres ni a mis amigos. Cuando una persona a la que quiero llora, voy a ver qué le pasa e intento consolarla.”

“La sociedad parece muy tolerante porque muchas cosas que hace cien años estaban prohibidas se consideran ahora completamente normales. Pero si nos fijamos mejor, también hay cosas que hace cien años eran normales y que ahora están prohibidas. Tan completamente prohibidas que hasta nos parece normal que sea así, tan normal como a nuestros bisabuelos les debía parecer su sistema de tabúes y prohibiciones. Muchos de los antiguos tabúes se referían al sexo; muchos de los actuales se refieren a la relación madre-hijo, para desgracia de los niños y de sus madres.”

“Si existiese una vacuna con los beneficios de la lactancia materna, los padres pagarían lo que fuera por comprarla”

“La infancia es fugaz. Que nuestra obsesión por corregirla no nos impida disfrutarla.”

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