jueves, enero 18, 2018
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Murphy tiene la culpa

Máximo conocedor de fatalidades. Enemigo de optimistas. Omnipresente en las desdichas humanas. Citado para el consuelo de quienes padecen desventuras. No hay calamidad en la que Murphy no sea mentado desde aquella, en 1949, en la que la Fuerza Aérea Norteamericana investigara los efectos de la desaceleración en los pilotos

Por Kaoru Yonekura

Los infortunios ocurren a diario. No hay designio divino que advierta, con precisión, los hechos nefastos de nuestra cotidianidad: lluvia al salir de la peluquería, derrame de café cuando se viste de blanco, robo de celular cuando se espera una llamada… El plan celestial tampoco nos hace llevadera la meritoria carga de estas máximas fatalidades logradas con el mínimo esfuerzo. Por fortuna, echar la culpa es un hábito revitalizante. Saber que Eva, Mallulla, Pepito de los Palotes, La Vaca, La Otra y el amigo astrólogo son los más ilustres homicidas de nuestros logros, nos devuelve la sonrisa. Y es que si la culpa tiene un nombre, resulta un placer echarla.

Existe, por supuesto, un culpable supremo y universal: Edward A. Murphy Jr., llamado Murphy, a secas, para hacerlo tan real, efectivo y nuestro como a Pepito de los Palotes. La destreza del ingeniero aeroespacial estadounidense para culpar a su asistente de la falla en la instalación de los electrodos al sistema de sensores, es inigualable. El monitoreo de las reacciones del voluntario viajando a alta velocidad y frenado bruscamente, no arrojó resultado gracias a dicha falla, pero generó la clave del diseño defensivo y la frase más apropiada para despachar nuestros pesares: “Si esa persona tiene una forma de cometer un error, lo hará”. Más tarde, la frase fue edulcorada: “Si hay varias maneras de hacer una tarea, y uno de estos caminos conduce al desastre, entonces alguien usará ese camino”.

Sea en su versión más o menos áspera, la proposición fue citada en rueda de prensa para señalar que la ausencia de heridas de gravedad durante las pruebas del cohete fue gracias a la “ley de Murphy”. En resumidas cuentas, dicha ley consistió en considerar todas las posibilidades para la realización de una prueba. Nada más.

En Men, Rockets and Space Rats (1955), Lloyd Mallan redujo y banalizó el planteamiento como “Todo lo que pueda salir mal, saldrá mal”, y se lo acuñó a un personaje llamado Murphy. Desde esta “coincidencia” y para siempre, sabemos de un Murphy que no es amigo de nadie.

Durante estos 63 años, la sentencia “murphyana” ha sido reinterpretada hasta convertirla en principio, máxima, observación, axioma, corolario, credo, mantra, teoría, teorema, dicho, refrán y hasta verdad universal. No hay pensamiento pesimista que, luego de ser condensado en una línea, sea inexorablemente achacado al susodicho.

Y es que el ojo de Murphy, todo lo ve. Inoportuno, burlón e implacable, siempre está dispuesto a manifestarse en los peores momentos de nuestra existencia y cuando nos acaricie la ilusión de triunfo, nos susurrará que “algo se nos ha pasado por alto”.

Murphy en tu oficina

¿No sabes cómo cerrar un proyecto? Seguramente, olvidaste que “cuanto más cuidadosamente lo planifiques, mayor confusión se producirá cuando algo falle”. A estas alturas, mejor obviar el repensar métodos, porque “cuantos más métodos poseas para conseguir el objetivo con mayor facilidad, ninguno de éstos suele funcionar”. Además, “cuando se te ocurra una idea genial, ya alguien habrá resuelto el problema” y “cuando, por fin, el trabajo haya culminado es cuando descubrirás la manera más sencilla de realizarlo”.

Si necesitas copia de un documento con urgencia, cuidado: “Cuanto más importante sea el documento, más rápido se dañará la fotocopiadora” (y “al llegar el técnico, funcionará perfectamente”).

Resígnate, de una vez, a que: (1) “El antivirus anunciará que expiró cuando ya el equipo esté infectado”, (2) “La ayuda de Windows nunca te ayudará” y (3) “Cuando, por fin, descubras la utilidad de un programa, te obligarán a cambiarlo”. Trata siempre de disponer de un tiempo libre… para malgastarlo.

Murphy en tu hogar

Si ya tienes uno de esos aparatos destinados a simplificar las tareas domésticas, perdiste tu dinero. “Los aparatos multiusos no cumplen adecuadamente ninguna de sus funciones” y “mientras más costoso haya sido el aparato, menos lo usarás”.

Por mucho que planifiques las reparaciones y remodelaciones menores de tu casa, “la herramienta que necesitas faltará en la caja de herramientas” y “todas las pinturas, sea cual sea su composición, se adherirá permanentemente a cualquier superficie (preparada o no) si caen sobre ella accidentalmente”. En este punto, también aplica la ley de planificación de proyectos en tu oficina.

La cocina es el espacio idóneo para infinitas calamidades. Así que “una vez que hayas estropeado un guiso, cualquier cosa que hagas, lo empeorará”. Por el contrario, si luego de pasar 12 horas de cocción, tu guiso quedó en su punto, desanímate, porque “el tiempo que se tarda en comer es inversamente proporcional al tiempo que invertiste en cocinar”.

Decidiste llegar temprano de la oficina para comenzar a ver una serie de la que has visto un capítulo. Entonces, el capítulo de esa noche será la reposición del mismo.

Murphy y las mujeres

Esta es la relación más desdichada de todas. Esfuérzate en hacer dieta y “los primeros kilos que perderás son los de aquellas zonas que hasta ahora te han parecido las únicas atractivas que tienes”.

Decide cambiarte el look y “cuanto más horrendo sea el corte de pelo, más lento tardará en crecer” y “cuanto más caro el peinado, más acelerada será la velocidad del viento al salir de la peluquería”.“Cuando compres, los precios habrán subido recientemente. Cuando vendas, los precios habrán bajado recientemente”.

Murphy insiste en que los problemas nacen, creen, se multiplican y permanecen. No importa si ganas o pierdes, perderás. Así que sonríe, mañana será lo mismo, pero peor.

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