viernes, septiembre 22, 2017
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¿Cómo manejan la presión los atletas olímpicos?

Participar en una Olimpíada no es una decisión fortuita. Es algo para lo cual el atleta se ha preparado durante años y ha tenido que pasar por estresantes competencias clasificatorias. Por ello, la fortaleza mental es uno de los requisitos más importantes y es uno de los más difíciles de lograr. El psicólogo deportivo Ángel Bello nos comparte los fundamentos de esa tan necesaria preparación psicológica

Por Yubelitze Angarita Borges — @Yubelitze

Es un ser humano normal, no está hecho de una aleación especial. Sin embargo, un atleta olímpico es formidable porque está sometido a presiones poco comunes y debe entrenarse bajo condiciones de operatividad diferentes y aprender a vivir con ellas. Necesita blindar su fortaleza mental más allá de la física, si quiere destacar o aspira a subir al pódium. De allí que la preparación psicológica se convierta en un punto fundamental, más para enfrentar un reto de la magnitud de unos Juegos Olímpicos.

La cultura influye, claro, porque hay una tradición nacional de saber hacer bien las cosas, de prepararse con disciplina y de contar con todas las herramientas necesarias y científicas. Porque un atleta no se hace solo, cuenta con un equipo que lo fortalece físicamente, en la técnica y en la estrategia, y también lo fortalece en la habilidad mental, esto último le puede permitir a un deportista con menores aptitudes y capacidades físicas que su contrincante, lograr el triunfo.

Un ejemplo ocurrió en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, cuando el maratonista Vanderlei da Lima iba primero en la maratón, con una ventaja de 30 segundos sobre su más cercano competidor, pero fue interceptado por un fanático que lo empujó y lo sacó de la carrera, reteniéndolo aproximadamente unos 15 segundos y haciéndole perder el ritmo. Vanderlei en lugar de rendirse, se reincorporó y siguió adelante, no logró la medalla de oro pero sí la de bronce, que de igual manera lo hizo muy feliz. Mostró una gran fortaleza mental para recuperarse de una adversidad tan atípica, para superar la frustración, el malestar, el enojo, el dolor físico (en los deportes de resistencia hay mucho dolor físico, el detenerse y luego reincorporarse agudiza el mismo), la recuperación del ritmo de carrera, la desconcentración que genera un suceso así y el miedo ocasionado por la situación de agresión.

Cómo se esculpe la fortaleza mental

La psicología deportiva trabaja la mejora de esas habilidades mentales, así como el entrenador y los fisioterapeutas lo hacen con la parte física y la técnica. Cada vez se toma más consciencia de eso en la preparación de un atleta de alto rendimiento o de toda una selección y existen excelentes especialistas que trabajan estos aspectos. Uno de ellos es el psicólogo deportivo Ángel Bello, venezolano, quien ha sido asesor de atletas de alto rendimiento y olímpicos.

“Es importante señalar de entrada que todo atleta olímpico funciona y se prepara para actuar psicológicamente bajo condiciones de presión y estrés inusuales, esta es una premisa para alguien de ese nivel e inclusive un deportista profesional. Luego, hay que comprender las fases que recorre un atleta en ese proceso, estas son: Fase de Entrenamiento/ Fase de Pre-competencia/ Fase de Competencia/ Fase de Pos-Competencia”, indica el asesor psicológico y a continuación explica:

Fase de Entrenamiento. Uno de los aspectos psicológicos a tomar muy en cuenta en esta fase son los dolores, en muchos casos producto de agotamientos normales; el ambiente socio-competitivo y socio comparativo; y la exigencia muy particular del entrenador, quien está igualmente sometido a reglas de corrección en el entrenamiento, exigencias de perfección que podrían dar origen a condiciones de presión sobre el rendimiento del atleta.

Hay que tomar en cuenta que la mayoría de estos deportistas funcionan en base a records, marcas e inclusive son medidos a través de parámetros subjetivos -como ocurre por ejemplo en la gimnasia olímpica, los saltos ornamentales y el nado sincronizado- con los cuales deben ser comparados, lo cual podría originar una necesidad de perfección extraordinaria.

Sumemos a esto los compromisos institucionales como ministerios, federaciones que sitúan al atleta en el pódium -a veces exageradamente y anticipadamente- afectando prematuramente las expectativas de éxito.

Fase de Pre-Competencia. “A mi modo de ver esta es la fase más susceptible de desestabilización emocional del atleta”, advierte Bello. La exigencia de perfección y la confrontación que se origina con los errores y aciertos del entrenamiento, en las dos semanas previas a una competencia, causa la mayor parte de las reacciones emocionales negativas y la pérdida de la confianza en todo el trabajo realizado con anticipación.

Un aspecto emocional muy importante a tratar es la incertidumbre ante los resultados a obtener, y generalmente el atleta olímpico está suficientemente informado de las marcas y el nivel de los contrarios con los cuales va a competir.

Fase de Competencia. Está signada por la operatividad, es decir la capacidad psicológica del atleta de hacer efectiva su mayor demostración de eficiencia. Es sumamente importante señalar que debe estar preparado para dos situaciones específicas.

La eliminación directa. Posee una sola oportunidad para demostrar sus habilidades competitivas y perfección de ejecución.

Cuando posee, progresivamente, más de una oportunidad para competir y demostrar sus habilidades operativas.

En ambos casos las condiciones psicológicas son diferentes y el tratamiento psicológico es igualmente distinto dependiendo de la especialidad deportiva. Cada deporte debe ser decodificado psicológicamente, por ejemplo, hay diferencia en la preparación de un atleta de saltos ornamentales o un equipo de voleibol. En el primero debemos medir la individualidad. En el segundo, medimos la capacidad individual de integración y luego la capacidad de cooperación operativa entre ellos, eso es lo que determina a un equipo.

Por otra parte, en las Olimpíadas, tanto los deportes individuales como los colectivos están sujetos al máximo rendimiento psicológico. Existe una diferencia notable entre la condición psicológica individual y las condiciones individuales que se agrupan para hacer un equipo o selección. El tratamiento de ambos casos debe ser explícitamente diferenciado al momento de originar un proceso de entrenamiento psicológico.

“Cabe destacar, que la mayoría de los atletas nos dicen frecuentemente que están al 100% de su entrenamiento, eso está muy bien en referencia a su preparación, pero resulta que la exigencia en una competencia olímpica puede estar dentro de un requerimiento de rendimiento mayor a lo obtenido en el entrenamiento; aquello que comúnmente llamamos: ‘máximo esfuerzo?, lo cual requiere una condición psicológica extraordinaria”, comenta el asesor psicológico deportivo.

Para el psicólogo también es importante evaluar las condiciones psicológicas del entrenador en este ambiente, porque él también es susceptible de verse afectado y producir cambios en las exigencias competitivas del atleta. Allí debe prevalecer su experiencia, madurez y liderazgo.

Fase de Pos-Competencia. El abordaje psicológico de un atleta que triunfa es el compromiso de prepararse para mayores retos. En cambio, para quien no tiene éxito podría verse un poco más complicado desde el punto de vista terapéutico y posiblemente sea necesario tocar aspectos más sensibles.

¡Llegó el día tan esperado!

El día de la competencia plantea pocas o muchas, variadas y complejas situaciones emocionales que deben ser enfrentadas. El psicólogo deportivo cuenta que él prefiere dejar al atleta una hora o minutos antes solo con sus reflexiones, con el control de sus particulares emociones ya trabajadas, y si requiere su intervención debe ser breve y precisa para no exagerar o sobrecargar, y debe solicitarla el mismo atleta.

“Recuerdo específicamente lo que decía el venezolano Rafael Vidal cuando estaba a punto de obtener la medalla de bronce en natación, en las Olimpiadas de Los Ángeles de1984, que su concentración original fue primero en la operatividad técnica. Lo segundo fue en su máximo esfuerzo táctico y luego sustentó todo en su capacidad de decisión y de logro del objetivo que se había propuesto. Todo esto lo pensó, instantáneamente, en pleno desafío dentro del agua”, relata Bello.

Fortalecer la confianza ante la presión

La confianza que se tenga en sí mismo es determinante en el desempeño deportivo, esta capacidad debe estar desarrollada de tal manera que no solo se tenga confianza, sino que el competidor pueda mantenerla o recuperarla aunque le esté yendo mal en la prueba o ante lo complicado de una situación adversa, él siempre debe creer en sí mismo.

No hay nada más seguro para incrementar la confianza que los triunfos, y para traerla abajo las derrotas, por eso, el deportista debe trazarse pequeñas metas para tener pequeños triunfos cada día. El tenista Roger Federer, medalla de oro en Beijing 2008 en dupla con Stan Wawrinka y plata en singles en Londres 2012, contaba que cuando tenía 19 años lloraba cuando veía a sus contemporáneos, Andy Roddick y Lleyton Hewitt (primeros del ranking en esa época) tan alejados de él, pero decidió seguir trabajando, confiando en su talento y perseverando en su entrenamiento.

Acota el asesor que la preparación psicológica siempre debe incluirse en la planificación deportiva, integrarla al entrenamiento, igual que la biomecánica, la preparación física por especialidad, la farmacología o cualquier otra especialidad que dé soporte realmente científico al deporte, eso si realmente se quiere el éxito en unas Olimpíadas.

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